Haití - Los niños
"invisibles" de Puerto Príncipe -
—¿Y qué quieres ser cuando seas adulto...?
—Pastor de una iglesia, para que no se me olvide nunca orar por mis padres —dice
William Jefferson, de nueve años, uno de los “invisibles” de Haití, porque nadie
los ve, nadie sabe dónde están.
Los casos de orfandad se multiplicaron tras el siniestro del 12 de enero, pero
no todos los niños en esta situación han tenido la misma experiencia. El
gobierno haitiano, en coordinación con la UNICEF y otras instancias
internacionales, ya ha comenzado a dar seguimiento a 250 menores, quienes
reciben alimentación y cuidados; algunos incluso han sido canalizados a
organizaciones sociales y orfanatos.
Pero hay otros que vagan de un campamento a otro, con la única certeza de que
sus padres quedaron atrapados desde hace 15 días y jamás los volverán a ver.
Andan perdidos en las calles y acaso han sido aceptados de manera temporal por
vecinos o damnificados conmovidos por su situación.
Los invisibles: huérfanos sin historia ni registro, ubicados en callejuelas y en
parques, forcejeando por un poco de sopa. Y es hora de escucharlos…
PASTOR.
William, de inteligencia asombrosa, cuenta que aquella tarde funesta su padre lo
envió a cobrar dinero con una tía. El sismo lo sorprendió a medio camino. Cuando
volvió la casa estaba destruida y dos de sus cuatro hermanos, quienes habían
salido a jugar, lloraban frente a los escombros.
Dentro quedaron papá, mamá y otros dos hermanos. No hubo quién ayudara. William
llevó a los dos sobrevivientes más pequeños a la casa de la abuela Ajelis,
ciega, y regresó a la casa para intentar salvar al resto de su familia. Fue en
vano.
Cuando retornó con la abuela, ya adentrada la noche, la casa también se había
desplomado. No sabe si ella y sus hermanos lograron salir y fueron llevados a un
campamento, o si también perecieron.
—Así que deseas ser pastor…
—Para interceder ante Dios por mis padres…
—¿Y no has la fe después de lo que pasó?
—En Dios no, porque me dejó vivo, y es para algo.
—¿Para qué?, ¿qué es lo que imaginas que ocurrirá?
—Que cuando sea grande haré cosas buenas para mi país y ayudaré a las familias a
tener una casa y comida en la mesa.
—¿Qué es lo que más deseas en este momento?
—Saber si mi abuela y mis hermanos pudieron salvarse… Si es que me he quedado
solo, quisiera encontrar una familia.
DOCTORA.
Los padres de Mina y Samy Josette murieron en el centro comercial en el cual
trabajaban… Mina, de 11 años, cuenta que no tienen más familiares y que desde el
día del temblor han optado por estar cerca de Dudú, una vecina también afectada
y quien duerme en uno de los campamentos.
—¿Te gustaría quedarte con Dudú?
—Sí, porque ella es buena, pero es pobre y tiene dos hijos, nos ha dicho que a
lo mejor podría aceptar sólo a una de las dos.
—¿Y sería bueno para ustedes?
—No queremos separarnos.
—¿Y entonces?
—Ojalá alguien quiera adoptarnos, pero a las dos, porque ahora debo cuidar a mi
hermanita, que es más pequeña (ocho años).
—¿Y te gustaría salir de Haití?
—Sí… México me gusta, tal vez allá pueda estudiar para doctora.
INGENIERO.
Predima, su madre, vendía fruta, pero nadie dio señales de ella. Delaqui, su
padre, era albañil: la construcción donde trabajaba se vino abajo… Brunel
Francois, de 10, está solo. No tenía hermanos. Y asegura que un tío, quien vivía
en Leogane, a 45 minutos de Puerto Príncipe, también falleció. Vive en el
refugio de la prisión civil del barrio de Petion Ville, donde un amigo mayor lo
invitó.
—¿Cómo te sientes ahora?
—Sigo muy triste, porque extraño a mis padres, desearía que esto no hubiera
pasado.
—¿Cómo imaginas tu vida en algunos años, cuando seas joven?
—Trabajando, para comer.
—¿Y te gustaría ser albañil, como tu papá?
—No, quiero ser ingeniero.
—Tienes entonces que estudiar.
—Me gusta leer, pero no sé qué pasará conmigo, dónde voy a estar, dónde voy a
vivir.
—¿En el campamento saben que te has quedado sin nadie?
—Sólo mi amigo y su mamá.
—¿Y la señora no ha dado aviso a alguna autoridad?
—Se la pasa llorando, porque perdió a dos de sus hijos, pero un día me dijo que
me llevará con el gobierno, pero tengo miedo. Lo mejor sería tener otros padres
que me quieran y me cuiden…
Ex futbolista argentino Osvaldo Fernández dirige un orfanato junto a su esposa haitiana
“No damos en adopción hasta que las autoridades realicen una investigación del solicitante”
De los 250 niños huérfanos detectados hasta
ahora por las autoridades, dos: Walter, de siete años, y Paco, de tres, fueron
llevados al orfanato de Rose Mine, dirigido por la haitiana Mirie Rolande y su
esposo, el ex futbolista argentino Osvaldo Fernández.
Walter no se despega de un viejo avión de juguete, y en la caseta de pilotos
colocó una piedra. Y vuela, vuela…
Paco es callado. Ni las caricias ni las cosquillas lo inmutan. Parece un bebé de
piedra.
Ambos fueron llevados ahí por la embajada de Estados Unidos en Haití.
Osvaldo les rasca la cabeza con dulzura, mientras recuerda aquel partido en el
que enfrentó a Diego Armando Maradona. “Me decían La Flecha, porque nadie me
paraba por la media derecha… Fue hermoso ser futbolista, pero es todavía más
grandioso ayudar a los niños”.
Dice que a Walter le ha costado mucho trabajo adaptarse: es agresivo con los
otros pequeños; sólo se calma con el avión y cuando le recuerdan a sus padres.
Paco ni siquiera llora. Se sienta en la mesa a observar a los demás. Su mirada
refleja temor.
Rose Mine fue creado el 5 de julio de 1997. Entonces había seis niños y jóvenes,
hoy se atiende a 74, incluidos los dos huérfanos del temblor. La población tiene
entre tres meses y 20 años de edad.
El edificio sede, en el barrio de Fredes, no sufrió daños. Ahí los chiquillos
juegan, van a la escuela y a la iglesia.
Osvaldo, quien también fue soldado, refiere donativos de hospitales militares de
Estados Unidos, Argentina, Brasil, Chile y Ecuador, además de grupos de ex
futbolistas. Ahora, tras el infortunio, otros países se han unido a la lista,
entre éstos México, que dispuso la entrega masiva de víveres.
“Aquí no solemos dar a los chiquitos en adopción hasta que las autoridades
haitianas realicen una profunda investigación del solicitante, porque no podemos
ponerlos en riesgo”, dice.
Y cuenta que en Haití abundan los huérfanos, por el uso indiscriminado de
matronas, la falta de servicios médicos, la miseria, los conflictos políticos y
los constantes desastres naturales como huracanes, inundaciones y terremotos.
Fuente: http://www.cronica.com.mx/nota.php?id_nota=483721
Realizado por Comité de Jóvenes UNI-Américas con la colaboración especial de FAECyS - Arg -